Justicia para Kerly: Condenan a 56 años de cárcel al hombre que la mató
Un juez de circuito especializado condenó al responsable del crimen de la pequeña de 8 años en Girón. Deberá pagar 56 años y 3 meses de cárcel
En un veredicto que ha conmocionado a todo el país, un juez del Circuito Especializado de Bucaramanga sentenció a 56 años y tres meses de prisión a Alirio Gualdrón, el despiadado asesino de Kerly Andreina Cuevas Materán, una niña de tan solo 8 años que fue víctima de un atroz feminicidio el pasado 1 de mayo de 2024.
Los hechos estremecedores ocurrieron en Girón, Santander, cuando Gualdrón, de 59 años, aprovechándose de la confianza que tenía por residir como arrendatario en la misma vivienda de la menor y su madre, llevó con engaños a la pequeña a una zona boscosa, aislada y cercana a una estación de Metrolínea. Allí, según lo demostrado por la Fiscalía, acabó brutalmente con su vida mediante asfixia y un golpe contundente.
El crimen, que duró apenas 16 minutos según las pruebas técnicas, fue suficiente para devastar a una familia y sacudir a toda una comunidad. Gualdrón regresó caminando a su casa como si nada hubiera pasado, mientras el cuerpo de Kerly era hallado cerca de las 8:30 p.m., abandonado y sin vida, a pocos metros de la abandonada parada de Metrolínea.
Este proceso judicial estuvo marcado por una serie de aplazamientos que encendieron las alarmas sobre la posibilidad de que el asesino quedara libre por vencimiento de términos. El abogado representante de la familia Cuevas Materán, denunció públicamente las demoras del sistema: una primera audiencia suspendida por la falta de preparación del defensor de turno y una segunda cancelada por fallas técnicas en la conexión virtual. "Han sido meses de angustia y revictimización para la madre de Kerly. Este no solo ha sido un proceso lento, sino también insensible con el dolor de la familia", señaló el penalista.
Finalmente, y tras una intensa lucha legal, la justicia le dio la razón a la familia: Alirio Gualdrón fue condenado por feminicidio agravado, uno de los crímenes más reprochables contemplados por la ley colombiana, y deberá pagar una de las penas más altas que permite el sistema judicial.
Aunque la sentencia no devuelve a Kerly a los brazos de su madre, sí representa un mensaje claro: la justicia puede tardar, pero no debe fallar. La familia espera ahora que el caso cierre este doloroso capítulo con la firmeza y el respeto que merece la memoria de una niña cuya inocencia fue arrebatada de la manera más cruel.
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